domingo, noviembre 28, 2010

Me despiertas con un beso de los tuyos,
en la nuca y abrazada, por la espalda,
un susurro que me enciende y me desata
y me estremezco de placer y me convulso,
ahora bien, después al mirarte quedo presa.

Al segundo beso quedo muda,
el silencio pasa al fin con un susurro,
es amor, esto que vivo, o es un sueño,
es real, esto que vives, o es un juego,
para ocupar la telaraña de mis versos.

Las horas segundean en el cielo,
amanece que no es poco en este día,
como amanece en mis labios la sonrisa,
cada vez que tú me dices que sonría.

Dónde estás que no te hallo, escribía,
sin saber si iba a encontrarte o existías,
sin llegar a comprender que mi vida,
oh, mi vida, mi vida era vivirla.

Y ahora llegas, con colores a bañarme,
la primavera, dos veces en un año,
y aunque fuera, diluvian chaparrones y hace frío,
en este refugio dos fogones nos asamos.

En la noches me despierto y quiero verte,
tenerte entre mi brazos todo el tiempo,
y nadar en mis orillas ofrecerte.

Mi deseo se construye sobre un puente
pues en mis días el tiempo pasa como siempre,
pero no es el mismo que me agota,
ese que me parece que pierdo y me derrota,
no es el mismo que vengo hoy a ofrecerte
ese tiempo de que antes carecía,
y ahora parece que me sobra.

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